El ensueño présago de la princesa de Cantaria:
Páez de Ribera o el uso espurio de un motivo heroico
Desentendiéndose en gran medida de las posibilidades que
para el diseño narrativo ofrece la experiencia onírica en los
libros de caballerías, Ruy Páez de Ribera relata en el
Florisando (libro VI de Amadís, capítulo ccxxiii) un único
ensueño, que representa la premonición trágica de la princesa
de Cantaria, esposa de Florisando. La noche previa al combate
que ha de enfrentar al emperador Esplandián, Florisando y
cinco caballeros más con “los mas espantables jayanes que
jamas se vieron, y en las fuerças los mas fuertes y en el arte
de cavalleria los mas mañosos en la forma y manera de
pelear”123 (Saliandro, Gualtero, Adriano, Satyrón, Longibel,
Naçarón y Crebón), en el que ha de ser “el mas fuerte y mas
peligroso trance que jamas passo por cavalleros”124, la
princesa tiene un ensueño que la lleva a sospechar sea el
presagio de la muerte de su esposo. Se lo comunica a un
piadoso ermitaño luego:
Yo, padre, con el cuydado desta batalla me arrime a
este estrado y soñe este sueño, que veya a
Florisando armado y puesto de rodillas ante esta
123 Ruy Páez de Ribera: Florisando, fol. 209rº.
124 Ibíd., fol. 210rº.
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ymagen de Nuestra Señora y que la ymagen con muy
grande yra daua a Florisando con aquella mançana
de oro, que en la mano tiene, en la cabeça. Y del
gran golpe quedaua él todo vañado en viua sangre, y
muy espantado Florisando, huyendo de su grande
yra desatinamente saltaua por aquella gran ventana
y como yo de alli le veya saltar empeçaua a dar muy
grandes gritos, a los quales me desperte muy
espantada125.
El autor del Florisando retoma el motivo épico del anuncio de
la muerte del héroe en sueños, aunque aquí para refutarlo
finalmente como un mensaje inocuo pues, a pesar de los
temores y pesares de la princesa, Florisando sale ileso y aun
victorioso de la batalla. Por lo general, el motivo heroico de la
premonición trágica presenta una circunstancia previa de
riesgo excepcional que amenaza la integridad del héroe (la
aventura: casi siempre un combate inminente), el vaticinio
que advierte de su muerte (el ensueño présago de su mujer o
de alguien próximo a él, o en su lugar un oráculo o cualquier
otro prodigio natural: partos monstruosos, lluvia de sangre,
cataclismos), la publicación del presagio o, sencillamente, su
comunicación a una persona allegada, su rechazo por parte
del interesado si llega a conocerlo, el cual niega crédito a la
premonición aportando casos de pronósticos fallidos y
125 Ibíd., fol. 210rº.
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VI. HACIA UNA TÓPICA DE LA ENSOÑACIÓN
argumentos contra la oniromancia u otra arte mántica y, por
último, el fatal desenlace que ve cumplirse el presagio.
Sucedía así en el caso de Julio César con sendos sueños suyo
y de su esposa Calpurnia126, o en el de Leandro (ensueño de
Hero, su amada secreta)127. También en la Historia troyana
polimétrica se conoce por un ensueño anticipador de
Andrómaca el final desgraciado de Héctor, pero éste se
desentiende del funesto vaticinio y acude a cumplir su
destino128. Como antes la epopeya antigua y románica, la
épica moderna recurre asiduamente al motivo; no es
excepción el ciclo orlandiano129, que entre sus continuadores
castellanos del siglo XVI cuenta con Luis Barahona de Soto.
126 Suetonio: Vida de los doce césares, lib. I, cap. lxxxi, parágrafo 3.
127 Ovidio: Heroidas, XIX, vv. 193-209. Cfr. la imitación de Juan
Rodríguez del Padrón: Bursario, edición de Pilar Saquero Suárez y Tomás
González Rolán, Universidad Complutense, Madrid, 1984, p. 198.
128 “Andrómaca […] fuese para el rey Prïamo e contóle todo el fecho de la
visión que viera, e de commo non plazia a los dios que don Hector fuese a
la batalla, e el non la queria creer nin lo queria dexar por ellos”, Ramón
Menéndez Pidal: Tres poetas primitivos, pp. 143-144.
129 El canto XLIII, octavas 155-156, del poema de Ariosto narra el
ensueño présago de la honorable muerte de Brandimarte: “La notte che
precesse a questo giorno, / Fiodiligi sognò che quella vesta / che, per
mandarne Brandimarte adorno, / avea trapunta e di sua man contesta, /
vedea per mezzo sparsa e d’ogn’intorno / di goccie rosse, a guisa di
tempesta…”, Orlando Furioso, edición de Cesare Segre, Mondadori, Milán,
1990 (5ª ed.), pp. 1138-1139. Silvia Longhi interpreta el pasaje aplicando
las claves de sueños del Pseudo-Daniel: Orlando Insonniato, pp. 79-80.
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En Las lágrimas de Angélica ofrece en octavas el ensueño de
la princesa Flera, presagiador de la muerte de Libocleo,
caballero que hace burla de las graves advertencias que ha
recibido su enamorada durmiendo130. Son evidentes las
posibilidades del motivo, que permite insertar un mensaje
profético aun rechazando la práctica de la oniromancia, de
modo que el autor se pone a salvo de crencias supersticiosas y
a la vez aumenta la expectación del lector por saber si el
pronóstico se cumple o no.
Como señalábamos, el ensueño de la princesa de Cantaria
sigue, en principio, la pauta de este modelo premonitorio
heroico. La proximidad de un peligro que acecha a Florisando
explica el presagio onírico de su esposa, interpretado por ella
misma como aviso de una tragedia. Lo transmite
confidencialmente a un hombre de religión (el ermitaño: fue él
quien crió a Florisando y es también su acompañante en las
aventuras) que le quita importancia “por la consolar y quitar
de aquella sospecha”131 y que en la consiguiente refutación de
la adivinación a través de los sueños repite prolijamente los
términos de las diatribas antisupersticiosas que la Iglesia
machaconamente ha divulgado, con idéntica conclusión:
130 Las lágrimas de Angélica, edición de José Lara Garrido, Cátedra,
Madrid, 1981, canto XII, octava 67, p. 546.
131 Páez de Ribera: Florisando, fol. 210rº.
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VI. HACIA UNA TÓPICA DE LA ENSOÑACIÓN
E ansi deuen tener todos los católicos y fieles
cristianos: que si alguno deliberadamente creyere en
los sueños es abominable pecado mortal y va contra
el primero mandamiento de Dios Nuestro Señor132.
A esta misma preocupación por instruir y exhortar a “todos
los catolicos y fieles cristianos” para preservarlos de
supersticiones idolátricas y de supervivencias paganas
malignas responden ciertos sermones de los Padres de la
Iglesia, como el De correctione rusticorum de San Martín de
Braga. “Divinationes et auguria et dies idolorum observare,
quid est aliud nisi cultura diaboli?”, se pregunta el obispo de
Braga133. Pedro Ciruelo insistirá sobre estos argumentos en su
Reprouacion de las supersticiones y hechizerias, que
justamente comienza como concluía el sermón del ermitaño
tutor de Florisando, declarando
la grande eccelencia y dignidad del primero de los
diez mandamientos de dios: para mostrar quan
grandes pecados son los de las supersticiones que
van contra este mandamiento134.
132 Ibíd., fol. 210rº.
133 Martín de Braga: Sermón contra las supersticiones rurales, texto
revisado y traducción de Rosario Jové Clols, El Albir, Barcelona, 1981,
p.42.
134 Pedro Ciruelo: Reprouacion de las supersticiones y hechizerias,
introducción y edición de Alva V. Ebersole, Albatros Hispanófila, Valencia,
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En cualquier caso, la premonición de la princesa de Cantaria
no se hace realidad, y queda confirmado al cabo lo que el
ermitaño había dicho en su detallada exposición sobre esta
clase de ensueño: “se causa quando vno tiene mucha solicitud
y pensamiento acerca de vna cosa velando, la qual despues se
sueña dormiendo”135. Ya se hacía eco el capítulo noveno del
convencimiento de que los sueños son reminiscencias, vanas
fantasías que proceden de las preocupaciones de la vigilia136.
De hecho, a la princesa se le había aparecido durmiendo la
misma imagen (una estatua) de la Virgen María ante la que
velaba y rezaba por Florisando cuando se quedó traspuesta:
Del gran quebrantamiento del coraçon con aquel
cuydado temeroso assi, sin se desnudar, dio consigo
en vn estrado de pechos con muchas lagrimas
rezando ante vna ymagen de Nuestra Señora, se
1978, p. 29. Páez de Ribera se expresa con las mismas palabras al inicio
de su libro: “las tales cosas son supersticiosas, al primero mandamiento
repugnantes”, Florisando, fol. a 2rº.
135 Páez de Ribera: Florisando, fol. 210rº.
136 “Nunca oyre que alguno es muerto que no tema que soys vos;
pensando en estas cosas, quando durmiere no sera en mi mano ensoñar
que os veo enbuelto en aquel grande ruydo de las armas passando por los
grandes peligros de las batallas, que escapays herido, que estays para
morir, que estays en prisiones, que os tractan traycion, que os hazen
fuerça. Ansi que nin velando estare sin cuidado, nin durmiendo fallare
reposo”, ibíd., fol. b7vº.
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adormecio y estouo en aquel reposado sueño por
espacio de vna hora137.
Se trata, antes que de una auténtica hagiofanía onírica, de
una alucinación hipnagógica (una visión producida en el
momento del adormecimiento que sobreviene a una emoción
intensea); significa ello que la fantasía de la princesa reelaboró
una imagen difusa del estado de duermevela de acuerdo con
lospensamientos que ocupaban su mente en ese momento138.
137 Ibíd., fol. 210rº.
138 Con la elaboración secundaria por parte del soñador, quedan
configuradas las imágenes soñadas en la forma en que posteriormente se
narra la experiencia. Vid. A. Taffin: “Comment on rêvait dans les temples
d’Esculape”, Bulletin de l’Association Guillaume Budé, IV, 3 (1960), pp.
325-367, esp. el epígrafe “Les images du demi-sommeil”, pp. 346-350.
Sobre la elaboración secundaria de los sueños, cfr. Sigmund Freud: La
interpretación de los sueños [Die Traumdeutung], traducción de Luis López-
Ballesteros, Alianza, Madrid, 1992 (“!ª reimp.), vol. I, p. 210 ss. E. R.
Dodds sugería que en cada sociedad los sueños se ajustan a un modelo
cultural prefijado (“cultural pattern”): Los griegos y lo irracional [The
Greeks and the Irrational], traducción de María Araujo, Alianza, Madrid,
1989 (reimp.), cap. iv, pp. 103-131. Matizando la tesis inicial de que se
sueña según dicho modelo, el helenista expuso posteriormente que
conforme a ese ese esquema cultural se recuerda lo soñado: Paganos y
cristianos en una época de angustia, Cristiandad, Madrid, 1975, p. 63. En
efecto, no podemos examinar el fenómeno onírico directamente; como
advierte Jorge Luis Borges, “Podemos hablar de la memoria de los sueños.
Y posiblemente la memoria de los sueños no se corresponda directamente
con los sueños”: “La pesadilla”, en Siete noches, Fondo de Cultura
Económica, México, 1980, p. 36.
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Como sea, el libro concede escasa fiabilidad a este ensueño
supuestamente premonitorio, sirviéndose de él más bien como
excusa para una más —y fastidiosa— muestra del
didactismo morigerado que inspira a su autor.
Páez de Ribera, que en las páginas preliminares de su historia
condena las profecías y los encantamientos de sus
predecesores en el ciclo caballeresco (“e assi conviene
confessar que no es verdad poder ser encantado algun
hombre”)139, no deja escapar la oportunidad de enmendar la
plana al tópico. Su estilo sermonario se aviene muy bien con
las razones del clérigo que deniega ante la princesa de
Cantaria crédito alguno a la adivinación por los sueños. El
esfuerzo del autor del Florisando por acendrar la orientación
moral de los libros de caballerías pasa por revisar y condenar
todos aquellos elementos que puedan ser susceptibles de
entrar en contradicción con el dictado católico ortodoxo140. No
deja sitio para profecías, encantamientos, aventuras
prodigiosas ni maravillas nunca antes vistas, sino para los
milagros obrados por gracia divina, cuando los haya;
ermitaños y clérigos dados a la monserga sustituyen a sabios
y encantadores, que son enviados al infierno como acólitos de
Lucifer. Los amores de los caballeros son resultan, más que
castos, virginales, y no se promueve otra actividad
139 Florisando, fol. a5vº.
140 Maxime Chevalier: “Le roman de chevalerie morigéné. Le Florisando”,
Bulletin Hispanique, LX (octubre-diciembre 1958), pp. 441-449.
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caballeresca que la santa cruzada. El prólogo del autor es lo
suficiente explícito:
E como viesse el error de aquellos libros de Amadis y
Esplandian, y el gran daño que por lo mal escripto
dello se seguia en los rusticos y torpes coraçones, y
viesse la possibilidad de las cosas y casos en este
libro relatados, y la deuocion de algunos autos […]
Determine de me poner a todo el trabajo que de aquí
se me podiesse seguir y por el bien que del scriptura
se podiera causar generalmente a muchas personas,
conformandome con aquella autoridad del Apostol
en el capitulo xv que dize: Todas las cosas que
scriptas son son para nuestra doctrina scriptas141.
El celo que pone este autor en corregir “el error” de los cinco
libros precedentes de Amadís pone de manifiesto las
suspicacias mojigatas, la disposición reductora y hasta la
ignorancia con que se acerca a un género que pretende
conducir por el estrecho sendero de la virtud, es decir, de un
discurso didáctico-moral acorde con la doctrina cristiana:
Páez de Ribera entend faire oeuvre didactique. Il ne
lui suffit pas, comme à Montalvo, de proposer un
héros exemplaire: il faut encore que les coutumes
141 Florisando, fol. a2rº. La cita apostólica es de San Pablo: Epístola a los
Romanos 15:4.
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chevaleresques soient condamnées, en ce qu’elles
ont de blâmable, par les ministres de l’Église142.
El proyecto conoció escasa fortuna, porque el público “pasó
recibo a un ensayo reformista y el texto se imprimió sólo en
otra ocasión, en 1526”143. Ciertamente, el verdadero universo
de “los fechos antiguos que los cavalleros en armas
passaron”144 queda del lado de allá, en el horizonte legendario
donde se alumbran los mitos. De ahí la laxitud —escribe
Segundo Serrano Poncela— con que la Inquisición procedió
con respecto a una producción novelesca que con el favor del
público lector cubrió la sensibilidad literaria del siglo XVI. A
pesar de las solicitudes por parte de humanistas seglares y
clérigos para que la censura no permitiese la impresión de
amadises, palmerines y demás libros de caballerías, ésta no
prohibió nunca su publicación y vio cómo proliferaban las
ediciones a lo largo de la centuria. “La Iglesia temió siempre
más como adversario a la razón raciocinante que
142 M. Chevalier: “Le roman de chevalerie morigéné: Le Florisando”, p.
444.
143 María Carmen Marín Pina: “La mujer y loslibros de caballerías. Notas
para el estudio de la recepción del género caballeresco entre el público
femenino”, Revista de Literatura Medieval, III (1991), pp. 129-148; para la
cita, p. 140. Esto mismo había constatado M. Chevalier: “Le Florisando n’a
pas eu un grand succès et personne ne semble avoir suivi la direction
indiquée par Páez de Ribera”, “Le roman de chevalerie morigéné: Le
Florisando”, p. 449.
144 Garci Rodríguez de Montalvo: Amadís de Gaula, lib. I, cap. v, p. 290.
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al pensamiento mítico, contemplando con cierta
condescendencia los impulsos irracionales”145.









