El universo onírico de Palmerín de Olivia

El universo onírico de Palmerín de Olivia
E siendo d’esta edad que vos dezimos, estando una
noche echado en su lecho durmiendo, soñó un
sueño de que él mucho se maravilló. pareçíale que
andava por una floresta caçando e cabe una fuente
que en ella estava vido una donzella muy fermosa a
maravilla…146.
Lo onírico tiene en Palmerín de Olivia notable presencia,
desacostumbrada con respecto a los libros de caballerías que
le preceden, e igualmente inusitada en la tradición de las tres
grandes materias distinguidas por Jean Bodel hacia 1200 en
unos versos que los historiadores de la literatura medieval
han convertido en lugar común: Bretaña (la narrativa
artúrica), Francia (épica tradicional francesa) y Roma
(leyendas de la antigüedad greco-latina)147. Hay que reparar
en la producción hagiográfica para hallar relatos que otorguen
tanta relevancia a las experiencias oníricas de sus
protagonistas, y ya hemos observado cómo éstas se
146 Palmerín de Olivia, edición de Giuseppe di Stefano en Studi sul
Palmerín de Olivia, Pisa, Università di Pisa, 1966, vol. I, cap. xii, p. 44.
147 “Ne sont que trois matieres a nul home antandant:/ De France et de
Bretaigne et de Rome la Grant”, La chanson des Saxons, vv. 6-7 (apud
Carlos García Gual: Primeras novelas europeas, Istmo, Madrid, 1974, p.
65).
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consideran de muy peculiar manera cuando el discurso
clerical busca santificar una biografía. Probablemente, el Libro
del Caballero Zifar, tan vecino a la hagiografía al tener entre
sus fuentes primeras la vida de San Eustaquio (antes Plácido,
caballero romano)148, ofrece en los albores del siglo XIV lo que
Joset considera “un primer ejemplo castellano de un principio
estructurante de las novelas de aventuras: el encadenamiento
de sueños”149. El ensueño del ermitaño que acoge a Zifar y el
que más tarde tiene el protagonista siendo rey de Mentón
rigen los actos del Cavallero de Dios en momentos
trascendentales de su peripecia150. El primero de los sueños
revela al ermitaño que el caballero debe luchar para descercar
148 Vid. Charles Philip Wagner: “The Sources of El Cavallero Zifar”, Revue
Hispanique, X, 33-34 (1903), pp. 5-104, esp. pp. 13-30. Tesis corroborada
posteriormente por Alexander Haggerty Krappe en un artículo titulado “La
leggenda di S. Eustachio”, Nuovi Studi Medievali, III (1926-1927), pp. 223-
258.
149 Jacques Joset: “Sueños y visiones medievales: razones de sinrazones”,
p. 61.
150 En la hagiografía de Santa Isabel de Portugal también interviene en un
momento muy importante de su vida un ermitaño, al que en sueños se le
comunica un mensaje admonitorio que transmite luego a Isabel; pasado
un año, es la reina santa quien experimenta un segundo ensueño oracular
que confirma el primero y le hace saber que ha cumplido con el
requerimiento. Vid. Ángela Muñoz Fernández: Mujer y experiencia religiosa
en el marco de la santidad medieval, Asociación Cultural Al-Mudayna,
Madrid, 188, pp. 63-64.
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el reino de Mentón, y casarse luego con la hija del rey para ser
coronado al fin:
El hermitaño estando dormido, vínole en visión que
veía el cavallero su huésped en una torre mucho alta
con una corona de oro e una pértiga de oro en la
mano; e en esto estando, despertó e maravillóse
mucho qué podría ser esto, e levantóse e fuese a
fazer su oraçión e pedió merçed a nuestro señor Dios
que le quesiese demostrar qué quería aquello
sinificar. E después que fizo su oraçión, fuese echar
a dormir. E estando dormiendo, vino una bos del
çielo e dixo: “Levántate e di al tu huésped que tienpo
es de andar; ca çierto sea que ha a desçercar aquel
rey e a casar con su fija e á de aver el regño después
de sus días”151.
El segundo ensueño se relaciona estructuralmente con el
primero, tiene carácter programático y la capacidad de
desbloquear la acción en un punto comprometido. Siendo rey
de Mentón, Zifar vuelve a necesitar el auxilio de Dios para
resolver la difícil situación en que se encuentra: ha muerto la
reina y puede perder el trono si se descubre que accedió a él
cometiendo bigamia, pues su primera esposa, Grima, de la
151 Libro del Caballero Zifar, edición de Joaquín González Muela, Castalia,
Madrid, 1982, pp. 139-140.
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que se había separado accidentalmente, ha aparecido. En
sueños oye una voz que le comunica las instrucciones divinas:
…e adormóse luego. E escontra la mañana oyó
una bos que dezía así: “Levántate e enbía por toda
la gente de tu tierra e muéstrales en cómo con
esta muger fueste casado con ella, que non con la
reina, e ovieras en ella aquellos dos fijos, e de que
tú e la reina mantovistes castidat fasta que Dios
ordenó de ella lo que tovo por bien; e que quieran
resçebir aquella tu muger por reina e a Garfín e a
Roboán por tus fijos; e sey çierto que los resçibrán
muy de grado”152.
El primer ensueño llevó a Zifar al trono de Mentón, y gracias
al segundo conserva la dignidad regia y reúne a su familia.
“Por ser este sueño una guía para que se cumpla un destino
real y familiar, refuerza la armazón ideológica del modelo de
sociedad –modelo conformista en todos sus puntos– que
promueve el autor del Libro del Caballero Zifar”153. Los
restantes sueños del libro sirven a su didactismo. Uno en el
enxenplo del joven rey Tabor, para reafirmar que Dios es el
valedor de la legitimidad monárquica154, y otro inspirado por
152 Libro del Caballero Zifar, p. 226.
153 J. Joset: “Sueños y visiones medievales: razones de sinrazones”, p. 63.
154 “El rey estando una noche en su cama parando mientes en estas
cosas que le dezían e que veía él por señales çiertas, pensó en su cortaçón
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el diablo a Roboán siendo emperador de las Yslas Dotadas155,
desencadena su expulsión al delatar su codicia:
Señora —dixo el enperador—, yo soñava agora que
iva en aquel vuestro cavallo que vos quería
demandar e alcançava mucho aína un grant venado
en pos que iva, e que él dava una grant assconada; e
el alano dexólo e veníese el venado contra mí, e
rebolvía el cavallo e salía de él en manera que me
non fazía mal, pero que entrava en una grant agua e
pasava a nado el cavallo comigo e con miedo del
agua desperté espantado. E la enperatrís ovo muy
grant pesar en su coraçón porque nonbró el
cavallo156.
que para fincar él rey e señor, que él con Dios e con el su poder que avía a
poner las manos contra aquellos que le querían desheredar […] E
adormióse, e en dormiéndose vio cómo en sueños un moço pequeño que se
le puso delante e le dezía: «Levántate e cunple el pensamiento que
pensaste para ser rey e señor, ca yo seré contigo con la mi gente»”, Libro
del Caballero Zifar, p. 245.
155 “Mas el diablo, que non finca de engañar al ome en quanto puede, e le
sacar de carrera por le fazer perder el bien e la honra en que está, e de le
fazer perder el alma, que es la mayor pérdida que el ome puede fazer,
faziendo cubdiçiar vanidad e nada, e mostrándole en figura de onra e de
plazer, non quiso que cunpliese allí el año el enperador; ca si lo cunpliera
non perdiera el inperio así como lo perdió. E contesçióle de esta guisa”,
Libro del Caballero Zifar, p. 389.
156 Libro del Caballero Zifar, pp. 400-401.
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Mayor protagonismo tienen los sueños en el Palmerín de
Olivia, tanto que puede decirse que articulan la espina dorsal
del libro y, si no es lo mismo, la vida del caballero. Empezando
por el que experimenta Griana durante la gestación de
Palmerín, y cerrando la cuenta con Polinarda, la obra presenta
un conjunto de diez sueños que son parte fundamental de su
estructura, sin que pueda hablarse de una explotación
desmedida de los recursos oníricos157. Todos ellos atañen a
Palmerín, programan e hilvanan sus aventuras dotándolas de
un sentido que va más allá del immediato cumplimiento de las
obligaciones caballerescas para sublimarse en la realización
de un destino redentor. El niño abandonado en los montes de
Olivia a las pocas horas de su alumbramiento, inocente fruto
del pecado de amor de Griana y Florendos, está llamado a
limpiar con sus sacrificios la culpa de sus mayores. En la
primera aventura que acometa como caballero sanará al rey
de Macedonia, sin saber que es su abuelo, de la lepra que le
157 Palmerín de Olivia: sueños de Griana (cap. viii, p. 35), Palmerín (xii,
44), Urbanil (xxii, 77-78), Netrido (xliv, 156-157), Leonarda (xlv, 159),
Palmerín (lvi, 194), Esclotre (lxiv, 217), Palmerín (lxix, 238), Palmerín (xcv,
308) y Polinarda (xcix, 323-324). Sobre los sueños y las profecías en el
Palmerín, contamos con recientes trabajos de Javier Roberto González:
“Pautas para la caracterización del discurso profético ficcional como clase
de texto: las profecías en Palmerín de Olivia”, Incipit, XVIII (1998), pp. 107-
158; del mismo autor: “Los sueños proféticos del Palmerín de Olivia a la luz
de los Comentarii in Somnium Scipionis de Macrobio”, Stylos, VII, 7 (1998),
pp. 205-264.
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dejó ciego158; defenderá la vida de sus padres acusados
injustamente de traición (caps. cii-cvi); tras su anagnórisis, les
verá desposarse felizmente (cap. cxii), y coronará sus gestas
como emperador de Constantinopla (cap. clxv). Incluso los dos
sueños que experimentan Netrido (tío carnal de Palmerín) y
Leonarda, respectivamente, en lo que a simple vista parece un
relato digresivo trufado de sucesos providenciales, marcan la
trayectoria vital de Frisol como una réplica paralela a la de
Palmerín: ambos caballeros tienen la misión de restaurar la
dignidad de sus progenitores y restablecer la legitimidad
monárquica, ambas biografías se desarrollan bajo la tutela de
una instancia superior de origen sobrenatural que subraya las
excepcionales características de los dos jóvenes.
El primer ensueño del libro es el anuncio del advenimiento de
Palmerín, cuyas virtudes son ponderadas aun antes de nacer.
Lo protagoniza Griana, embarazada de Florendos, príncipe de
Macedonia, la cual mantiene el secreto de su estado en la
torre en la que su padre, el emperador de Constantinopla, la
ha recluido por oponerse al matrimonio que él ha acordado
con Caniano Tarisio, sobrino suyo e hijo del rey de Hungría, y
por haber querido huir con Florendos. Sigue a las inquietudes
que tienen atribulada a la princesa Griana:
158 Palmerín de Olivia, caps. xvii-xix. El anciano rey, una vez recupera la
vista, dice a Palmerín: “E tómovos por fijo e ruego a Florendos, que aquí
está, que vos tome por hermano; él fue la causa de mi enfermedad por la
su mala andança, vos fuestes el remedio de mi salud”, ibíd., p. 67.
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E con aquel cuydado muy grande se adormesció. E
parescíale en sueños que vía un león muy fiero que
venía a ella aguzando los dientes e la despedaçava, e
vía un cavallero que tenía una espada sacada en las
manos y ella le dava bozes, rogándole que de aquel
león la defendiesse; e parescíale a Griana qu’el
cavallero le respondía muy sañudo e dezíale:
“Griana, yo no te defenderé, antes con esta mi
espada te cortaré la cabeça, que digna eres de
muerte en este mundo y en el otro porque vas contra
la voluntad de aquel que te engendró. Sábete que no
podrás escusar las cosas que Dios tiene ordenadas;
por esso no porfíes, si no serás condenada en las
penas para siempre, e allí ni te valdrá el tu
Florendos, que por amor d’él has ofendido al Señor
Dios, aunque de aquel pecado nascerá buen fruto”.
Griana havía tan grande pavor del león, que las
faldas le rasgava, que prometía al cavallero de fazer
el mandado de su padre. E parescíale que luego el
león y el cavallero desaparescían y ella quedava sola,
asombrada, cabe una fuente adonde havía muchas
flores e rosas. Quedava tan descansada e alegre que
no sentía el mal que de antes tenía. E ansí despertó
de su sueño159.
159 Palmerín de Olivia, cap. viii, p. 35.
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Este ensueño plantea el conflicto germinal del libro: el pecado
por amor de Griana y Florendos. Ella ha desobedecido la
decisión de su padre en cuanto a política matrimonial, y él ha
provocado una crisis diplomática entre tres reinos vecinos,
Macedonia, Constantinopla y Hungría. El antagonismo de las
dos fuerzas que los jóvenes y el emperador representan,
sentimiento amoroso frente a razón de estado, sólo se
resolverá con Palmerín, cuyo comportamiento ejemplar
armoniza sentimiento y razón. Cuando despierta, la princesa
interpreta lo soñado como una admonición del Altísimo (“pues
Dios ansí lo quiere”)160, a quien ha ofendido con su díscola
conducta. Acepta someterse a la voluntad paterna, si bien
manifiesta su íntimo desacuerdo: “aunque no sea con mi
voluntad e toda mi vida viviré con pesar e cuyta, faré lo qu’el
Emperador quiere”161.
Netrido tiene un ensueño semejante al de Griana. Tres días
antes del alumbramiento de su primogénito, el príncipe
húngaro que padece miserable destierro por una falta de
mocedad (le sorprendieron sentado en el la silla real) castigada
muy severamente por su hermano el rey, Netrido “soñó un
sueño muy maravilloso”:
160 Ibíd., p 35.
161 Ibíd., p. 35.
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…le parescía que estava en una casa cerrada muy
escura e sentía gran cuyta en verse allí encerrado,
que no sabía qué fiziesse, e dava muy grandes bozes a
su muger que le ayudasse a salir de allí; e parescíale
que ella venía a él e traýa un niño en los braços y era
tan fermoso que le parescía que le salían rayos de sol
de la cara que alumbrava la casa escura adonde él
estava, e parescíale que dezía su muger: —Netrido, mi
señor, alegraos con este fijo, que sabed que él vos ha
de tornar al estado que perdistes, e la silla por donde
fuestes desterrado él vos fará tornar assentar en
ella162.
Los sueños de Griana y de Netrido se ajustan al modelo de los
acaecidos en la preñez163, anticipadores del nacimiento de un
ser extraordinario que representa un hecho providencial o una
amenaza para sus progenitores164. Los hagiógrafos han
162 Ibíd., cap. xliv, p. 156.
163Cfr. Francesco Lanzoni: “Il sogno presago della madre incinta nella
letteratura medievale e antica”, Analecta Bollandiana, XLV (1927), pp. 225-
261. Registra Lanzoni más de setenta ejemplos extraídos de la tradición
hagiográfica e histórico-legendaria. También el artículo de Alexander
Haggerty Krappe: “Le songe de la mère de Guillaume le Conquérant”,
Zeitschrift fur franzosische sprache und literatur, LXI (1937), pp. 198-204.
164 “Durante la preñez, o con anterioridad a la misma, se produce una
profecía bajo la forma de un sueño u oráculo que advierte contra el
nacimiento, por lo común poniendo en peligro al padre o a su
representante. Por regla general, es niño es abandonado en las aguas en
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ofrecido numerosos testimonios de este tipo onírico en las
vidas de San Vicente Ferrer, Santo Domingo de Guzmán, San
Emerio, San Camilo, la beata Cecilia Copoli de Perugia, León
X, San Andrés Corsini, San Francisco de Siena, San Alberto
de Mesina, San Peregrino, Santa Inés, San Eligio, San
Roberto, la beata Ida de Bolonia, San Teodorico de Lieja, San
Hugo, Inocencio II, San Bernardo de Claraval, San Brandán,
San Teodoro Siceota, San Simeón y San Daniel estilitas, San
Efrén y otros, la nómina es extensa. También las biografías
históricas y legendarias refieren sueños que simbolizan la
futura gloria o infamia del personaje que ha de nacer: Paris,
Ciro el Grande, Alejandro, Pericles, Zarathustra, Virgilio, el
tirano de Siracusa, Falárides, el Gran Khan, Marón o Dante,
cuya madre tuvo un sueño que significaba la fama del autor
de la Commedia. Y de esto, dice Gonzalo Fernández de Oviedo,
“no se debe maravillar ninguno, porque muchas veces e en
varias regiones e siglos han acaescido prodigios que han
pronunciado la excelencia de alguno que esté por nascer”165.
En la tradición artúrica, algunas versiones cuentan que la
un recipiente”, Otto Rank: El mito del nacimiento del héroe [The Myth of the
Birth of the Hero] traducción de Eduardo A. Loedel, Paidós, Barcelona,
1991 (2ª reimp.), p. 79. Paloma Gracia aborda el motivo en la materia
artúrica: Las señales del destino heroico, Montesinos, Barcelona, 1991, pp.
30-40. Sobre el ensueño premonitorio que afecta al nacimiento del héroe y
su reelaboración en Juan Manuel, vid. Rafael Ramos Nogales: “Notas al
Libro de las armas”, Anuario Medieval, IV (1992), pp. 179-192.
165 Historia General y Natural de las Indias, parte I, cap. xlviii, Atlas (BAE,
tomo CXVII), Madrid, 1959, p. 209.
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VI. HACIA UNA TÓPICA DE LA ENSOÑACIÓN
misma noche que Elena de Benoic yace con el rey Ban, su
esposo, concibe a Lanzarote y tiene un ensueño que sólo
Merlín sabe interpretar166. El ensueño de Perión en el capítulo
inicial del Amadís, la noche de su encuentro con Helisena, es
otra predicción de corte alegórico sobre la suerte que correrán
sus dos hijos, Amadís y Galaor. Al hilo de estos últimos casos,
no estará de más mencionar la arraigada creencia en la
importancia e infalibilidad de los sueños de la noche de
bodas167, noche, por cierto, primordial para muchos linajes
legendarios, pues no es rara la concepción del héroe en el
primer (y a veces único) ayuntamiento de sus padres168. Así
sucede con Palmerín169.
166 Cfr. Carlos Alvar: El rey Arturo y su mundo. Diccionario de Mitología
Artúrica, Alianza, Madrid, 1991, p. 139.
167 Fredegario Escolástico, autor del siglo VII, “narra essere stata
credenza comune che i sogni degli sposi nella prima notte del matrimonio
debbano avverarsi”. F. Lanzoni: “Il sogno presago della madre incinta…”, p.
247.
168 En estas condiciones (impuestas por la economía narrativa si no por el
decoro) son concebidos Arturo (de Uter e Igernia) en la Historia de los reyes
de Britania [Historia regum Britanniae] de Geoffrey de Monmouth,
traducción de Luis Alberto de Cuenca, Siruela, Madrid, 1984, cap. vi, p.
141; Urién (de Melosina y Remondín), Beltrán y Olifart en la Historia de la
linda Melosina, edición de Ivy A. Corfis, Hispanic Seminary of Medieval
Studies, Madison, 1986, pp. 30, 106. 120; Artur el Pequeño (de Artur y
una doncella a la que viola) en La demanda del Sancto Grial, edición de
Adolfo Bonilla y San Martín, Bailly-Baillière (Nueva Biblioteca de Autores
Españoles, VI), Madrid, 1907, p. 233; Florestán (de Perión y la hija del
conde de Selandia), Norandel (de Lisuarte y Celinda), el Endriago (del
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VI. HACIA UNA TÓPICA DE LA ENSOÑACIÓN
Se han dado explicaciones de orden natural para este tipo de
sueños, que podrían ser motivados por el temor a las
dificultades del parto o la preocupación por el sexo del ser que
ha de nacer, sus cualidades físicas o morales, su fortuna.
Sueños de origen psíquico170, a los que el Eclesiástico alude
despectivamente: “Divinatio erroris, et auguria mendacia, et
somnia malefacientium, vanitas est; et sicut parturientis, cor
tuum phantasias patitur” (34:5-6). También podrían ser
sueños fisiológicos, derivados de los desajustes orgánicos que
trae consigo el embarazo171. Pero al margen de tales
justificaciones, estos sueños actualizan, en su mayor parte,
una fórmula retórica a la que recurren biógrafos y redactores
de elogios y panegíricos:
incestuoso gigante de la Isla del Diablo y su hija) en el Amadís de Gaula,
edición de Juan Manuel Cacho Blecua, Cátedra, Madrid, 1987-1988, pp.
628, 996, 1132; y el mismísimo rey Jaume I, si hemos de hacer caso a
Bernat Desclot en su Crònica, edición de Miquel Coll i Alentorn, Barcino,
Barcelona, 1949, vol. II, p. 24.
169 Palmerín de Olivia, cap. v, p. 24.
170 Cfr. Francesco Lanzoni: “Il sogno presago della madre incinta…”, p.
246.
171 Cfr. P. Saintyves: En marge de la Légende Dorée, pp. 53-64. Para
Saintyves, la presión que sobre algunos órganos ejerce el feto y sus
movimientos espontáneos estimulan la fantasía de las embarazadas
durante el sueño.
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VI. HACIA UNA TÓPICA DE LA ENSOÑACIÓN
I rètori greci enumerano al primo posto tra i luoghi
donde gli autori di elogî, di panegirici e di altri simili
lavori, avrebbero potuto attingere materia per i loro
componimento, il sogno della madre. Essi erano
dunque persuasi che nella vita degli uomini “di
poema degnissimi e d’historia” il sogno della madre
non potesse mancare o, almeno, fosse assai
frequente172.
En el siglo XVIII, la “vulgarísima historia” de Diego de Torres
Villarroel hará burla de este lugar común del género
biográfico:
No tuvo mi madre en mi preñado ni en mi
nacimiento antojos, revelaciones, sueños ni señales
de que yo había de ser astrólogo o sastre, santo o
diablo. Paso sus meses sin los asombros de las
pataratas que nos cuentan de otros nacidos, y yo
salí del mismo modo, naturalmente, sin más
testimonios, más pronósticos ni más señales y
significaciones que las comunes porquerías en que
todos nacemos arrebujados y sumidos173.
172 Francesco Lanzoni: “Il sogno presago della madre incinta…”, p. 253.
173 Vida, edición de Dámaso Chicharro, Cátedra, Madrid, 1980, p. 113.
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VI. HACIA UNA TÓPICA DE LA ENSOÑACIÓN
El ensueño de Griana pone de relieve una situación
problemática (“has ofendido al Señor Dios”) anticipa
acontecimientos (“de aquel pecado nascerá buen fruto”), dicta
una orden (“no porfíes, si no serás condenada”) y de su
acatamiento se sigue una actuación determinada (“faré lo
qu’el emperador quiere”). Este ensueño informativo, profético
y admonitorio prefigura los de su hijo Palmerín. Cumplidos los
quince años, el expósito “soñó un sueño de que mucho se
maravilló”:
Parecíale que andava por una floresta caçando e
cabe una fuente que en ella estava vido una donzella
muy fermosa a maravilla. A él le parecía que se
maravillava quién allí traýdo la havía. La donzella le
dixo: —“Amigo Palmerín, no te maravilles de mí, que
la tu gran bondad e valor me ha fecho venir a
buscarte. Dexa la vida villana que tienes e busca las
grandes cosas que te están aparejadas. Sábete que
yo te amo más que a mí misma; mira cómo nos fizo
Dios para en uno, que nos señaló a ambos de una
señal: tú la tienes en el rostro e yo en la mano del
coraçón”. E parecíale a Palmerín que la donzella
estendía la mano siniestra, que tenía muy fermosa, e
víale en ella una señal negra ansí como la suya. E
como él quiso responder a la donzella, despertó e
maravillóse mucho de lo que havía soñado e quedóle
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VI. HACIA UNA TÓPICA DE LA ENSOÑACIÓN
en la memoria la fermosura de la donzella; e todo
aquel día no pensó en otra cosa174.
En un principio, el muchacho rememora dormido su
ocupación cotidiana y mayor afición, que es andar a cazar:
“Palmerín no entendía en otras cosas sino en caçar aves e
criar perros para andar en los montes caçando venados e
puercos”175. El cuadro cinegético soñado en la floresta lo
completa una fuente junto a la que está una donzella. Diríase
que este comienzo del relato onírico se ciñe a una explicación
naturalista para las imágenes generadas durante el sueño:
Aristóteles y otros autores alineados con su teoría psicológica
consideran que los sueños son, en gran medida, reliquias de
la sensibilidad176; la persistencia de la actividad sensible de la
174 Palmerín de Olivia, cap. xii, p. 44.
175 Palmerín de Olivia, p. 43.
176 Cfr. Hipócrates: De diaeta, lib. IV, 88, en Oeuvres Complètes
d’Hippocrate, edición de E. Littré, Baillière, París, 1835-1861, vol. VI, p.
643; Aristóteles: Dels somnis [De insomniis], traducción de Joan Leita,
Laia, Barcelona, 1989 (2ª ed.), parágrafos 461a-462ª, pp. 240-244;
Lucrecio: De rerum natura, lib. IV, vv. 962-1029, edición de Eduard
Valentí, Alma Mater, Barcelona, 1961, vol. II, pp. 55-57; Cicerón: De
divinatione, en Oeuvres Complètes de Cicéron. Ouvrages philosophiques,
Garnier, París, 1900, lib. II, cap. lxii, p. 164 y passim. Con respecto a la
tradición desmitificadora que despoja de trascendencia el sueño
“relegándolo a las esferas de la fisiología y la psicología aristotélicas”, véase
Aurora Egido: “Cervantes y las puertas del sueño. Sobre la tradición
erasmista del ultramundo en el episodio de la cueva de Montesinos”, en
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vigilia es corriente en la primera fase del sueño, mientras no
se está completamente dormido. Pero, en realidad, el ensueño
de Palmerín mantiene el contexto idílico del encuentro
amoroso fijado por la tradición177. De igual forma, el repentino
despertar del soñador en el momento en que se presta a
responder a la aparición femenina, explicable desde posiciones
médicas por la instigación de los sentidos corporales que
perturban el alma e interrumpen su visión onírica178, es sobre
todo un recurso a la reticencia, habitual de la visio amoris179.
La noche siguiente, Palmerín vuelve a soñar con la misma
doncella, que en su segunda comparecencia “traya una corona
muy rica en las manos e dezíale: —«Palmerín, esta corona ha
de ser puesta en mi cabeça con grande honrra por amor de ti».
Serta Philologica in Honorem prof. M. de Riquer, Quaderns Crema,
Barcelona, 1988, vol. III, pp. 305-341..
177 Cfr. E. R. Curtius: Literatura europea y Edad Media Latina, pp. 280-
285.
178 Cfr. Pietro Bembo: Gli Asolani. Los Asolanos, edición de José María
Reyes Cano, Bosch, Barcelona, 1990, pp. 133 y 135.
179 Se halla en Garcilaso (Elegía I), y ha sido reseñada en Virgilio, Ovidio,
Dante y Petrarca, “la imagen de tender la mano hacia el objeto deseado
aparecido en el sueño, y la consecuencia de abrazar el aire”, Mercedes
López Suárez en su edición de la Poesía de Francisco de Figueroa, Cátedra,
Madrid, 1989, pp. 422-423. Cfr. Herman Braet: “Visio Amoris. Génèse et
signification d’un thème de la poésie provençale”, en Mélanges d’histoire
littéraire, de linguistique et de philologie romanes offerts à Charles Rostaing,
Lieja, 1974, vol. I, pp. 89-99.
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VI. HACIA UNA TÓPICA DE LA ENSOÑACIÓN
E desde esto le dixo, fuesse luego”180. El interés del
protagonista (y el del lector a la par) va en aumento, pues de
este ensueño salió “muy más maravillado”. La experiencia se
repite:
Diez noches soñó Palmerín aquella donzella e cada
noche de su manera. E la postrera parescióle que la
donzella venía contra él muy sañuda e dezíale:
—“Palmerín, ¿por qué tardas de buscarme? ¿Piensas
que es vano lo que has visto? Por cierto que grandes
cosas has de fazer por donde parescerá en ti el alto
linaje donde vienes. No esperes más de verme en
esta montaña. E si la mi vista el tu coraçón ha
ferido, trabaja de buscar el remedio, que tu afán no
será en balde mas antes te traerá en grande alteza.
E no quiero más dezirte porque poco te das por mis
palabras”. Palmerín no la vio más en sueños fasta
que la vio claramente, como vos contaremos, que por
ella sufrió muchas cuytas181.
Palmerín, que no sabe quién es182, empieza a entrever la
verdad que ignora. En sueños recibe el requerimiento para
180 Palmerín de Olivia, p. 44.
181 Palmerín de Olivia, p. 44.
182 “Aquí comien