LA REVISIÓN IRÓNICA Y BURLESCA
DE LA ONIROMANCIA POPULAR Y DE LA ONIROLOGÍA CULTA
Il me semble qu’il fau plutôt chercher ici dans la
tradition des Clefs des songes qui se développe vers
la même époque, mais avec des intermédiaires
orientaux (arabes et surtout byzantins) et par
d’autres voies, dans d’autres milieux, savants mais
plus perméables aux influences “folkloriques” ou
“populaires”.
J. Le Goff:
“À propos des rêves de Helmbrecht père”
(L’imaginaire médiéval).
En el Retrato de la Lozana andaluza tenemos un raro
testimonio de lo que debía ser la cotidiana puesta en práctica
del saber oniromántico popular a fines de la Edad Media y
principios del siglo XVI. Un saber tradicionalmente cultivado
con especial dedicación por mujeres. Excluidas de la
adivinación oficial y de muchos ritos religiosos en la Roma
antigua, las mujeres encontraron en el ensueño premonitorio
“el medio más directo y accesible de ponerse en contacto con
VII. LA REVISIÓN IRÓNICA Y BURLESCA
la divinidad”, explica Santiago Montero Herrero1. Para
Cicerón, este tipo de ensueño venía provocado por una
inspiración furiosa a la que resultaban más proclives las
mujeres: “dicho furor conviene especialmente a la mujer,
mientras que los hombres especialmente dotados para la ratio
y la scientia estaban, consiguientemente, menos capacitados
para los sueños proféticos”2. En la misma línea de
pensamiento se sitúan escolásticos como Tomás de Aquino
cuando hablan de las visiones místicas, al sugerir que “una
mujer, dada su naturaleza menos racional, más crédula, era
más abierta y receptiva a este tipo de contacto con Dios”3.
Alfonso de la Torre detecta, a su vez, especial inclinación
femenina hacia las artes mánticas, lo cual explica por natural
curiosidad: “veyendo el espíritu maligno los omnes muy
ynclinados a saber lo porvenir e a las mugeres mucho más,
mostróles fablar ynfinitos géneros de divinaçiones e suertes”4.
Fray Martín de Castañega encuentra una justificación
puramente material para estas dedicaciones reprobables:
1 Diosas y adivinas. Mujer y adivinación en la Roma antigua, Trotta,
Madrid, 1994, pp. 108-109.
2 Ibíd., p. 109.
3 Bonnie S. Anderson y Judith P. Zinsser: Historia de las mujeres: una
historia propia, Crítica, Barcelona, 1992 (2ª ed.), vol. I, p. 230.
4 Visión deleytable, edición de Jorge García López, Universidad de
Salamanca, Salamanca, 1991, vol. I, parte I, p. 204.
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Por experiencia vemos cada día que las mujeres
pobres y clérigos necesitados y codiciosos, por oficio
toman de ser conjuradores, hechiceros,
nigrománticos y adevinos, por se mantener y tener
de comer abundosamente, y tienen con esto las
casas llenas de concurso de gente5.
La reacción que del despertar recogen testimonios históricos y
literarios refleja una diferente actitud de ambos sexos ante la
experiencia onírica. Ellos, manifestando inicial incredulidad y
buscando confirmación por medio de la adivinación inductiva
o de signos (artificiosa divinatio); ellas, mostrando siempre vivo
interés hacia los sueños y tratando de averiguar su
significado. Inés Calero Secall ha sabido ver en las consejeras,
confidentes y cómplices de la literatura griega antigua el
retrato de alguna de estas intérpretes domésticas de sueños6.
Los textos medievales también reflejan esta afición femenina a
interpretar sueños. Verbigracia, la camarera de doña Alda en
5 Tratado de las supersticiones y hechicerías, edición de Agustín González
de Amezúa, Sociedad de Bibliófilos Españoles, Madrid, 1946, p. 20. En
otro lugar, al explicar por qué hay sobre todo mujeres entre los ministros
diabólicos, aunque apunta como causas que Cristo las apartó de la
administracición de los sacramentos, son fácilmente engañables, sienten
mayor curiosidad por las cosas ocultas y son muy parleras e irascibles, no
puede dejar de constatar que sobre todo son brujas las mujeres pobres y
viejas, ibíd., pp. 37-40.
6 Consejeras, confidentes, cómplices: la servidumbre femenina en la
literatura griega antigua, Ediciones Clásicas, Madrid, 1999, p. 133.
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su romance: “—Aquese sueño, señora, / bien os lo entiendo
soltar”7; la madre confidente de la lírica tradicional: “Yo
soñara, madre, un sueño / que me dio en el coraçón”8; la
esposa del Caballero del Cisne, capaz de elaborar una exégesis
alegórica del ensueño que él ha tenido (“Señor, yo entiendo en
este sueño…”), a lo que el caballero responde escéptico: “non
me semeja seso de rrebatarnos assý por sueños”9.
Frente a la oniromancia culta, constreñida al ámbito del poder
y de la religión oficial10, la oniromancia popular aparece
tradicionalmente mantenida por mujeres: “para obtener la
clave de sus sueños, los soñadores se dirigían a hombres o,
7 “Romance de doña Alda”, El romancero viejo, edición de Mercedes Díaz
Roig, Cátedra, Madrid, 1980 (4ª ed.), p. 223. La camarera, erróneamente,
interpreta en clave erótica el ensueño de Alda, que anuncia el trágico fin de
Roldán en Roncesvalles.
8 Margit Frenk: Corpus de la antigua lírica popular hispánica (siglos XV a
XVII), Castalia, Madrid, 1990 (2ª ed.), nº 523.
9 La leyenda del Caballero del Cisne, edición de María Teresa Echenique,
Aceña, Barcelona, 1989, p. 208.
10 “Within courtly society itself, diviners seem to have been very much in
demand. This is the burden of the complaint by John of Salisbury (ca.
1115-80): in a long section of his Policraticus he deplores the various
magical arts to which courtiers are tempted”, observa Richard Kieckhefer:
Magic in the Middle Ages, Cambridge University Press, Cambridge, 1989, p.
97. Entre los magos cortesanos, Juan de Salisbury cuenta a los coniectores
o intérpretes de sueños: Policraticus, edición de Miguel Ángel Ladero,
Editora Nacional, Madrid, 1983, lib. I, cap. xii, p. 137.
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tal vez con más frecuencia, a mujeres que podían pasar por
santas cuando no se sospechaba que eran brujas”11. Mujeres
por lo general con ocupaciones subalternas, como esclavas,
criadas, brujas, alcahuetas, comadronas, mercaderas:
Esto e otras infinidas cosas que non quiero aquí
escrevir por non avisar, fazen las buenas
mercaderas. E de aquí se levanta creer en
estornudos o sueños, e en agüeros e señales. E por
consiguiente, bía a fazer fechizos e bienquerençias e
otras abominables cosas; que el diablo pescador es,
que con el gusano chiquillo toma la gruesa
anguila12.
11 Jean-Claude Schmitt: Historia de la superstición [Les “superstitions”],
traducción de Teresa Clavel, Crítica, Barcelona, 1992, p. 98.
12 Alfonso Martínez de Toledo: Arcipreste de Talavera o Corbacho, edición
de Michael Gerli, Cátedra, Madrid, 1987 (3ª ed.), parte II, cap. v, pp. 166-
167. “Tot llur estudi e pensament e altres coses no giren sinó a robar e
enganar los hòmens. E sobre açò, e per saber semblantment si els deu
venir bona ventura o mala, o si morran llurs marits abans que elles, o llurs
amadors, consulten e han fort cars los astròlegs, los nigromàntics, les
fetilleres”, Bernat Metge: Lo somni, edición de Josep M. de Casacuberta,
Barcino, Barcelona, 1980 (reimp.), p. 115. “Fins a la generació dels nostres
pares, a Barcelona, les pentinadores gaudien d’un crèdit especial perquè
entenien en somnis. La conversa preferida de les botigues de pentinadora
eren els somnis, que les clientes desgranaven fins al darrer detall i
exposaven fil per randa a la senyora «Matapolls», com popularment
anomenaven les pentinadores, que després d’haver demanat aclariments i
detalls arrodonien el document semblantment a les antigues sibil·les de les
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Como una de ellas, la Lozana también demuestra aptitudes
para dar a los sueños su soltura13, convertida en protagonista
de un retrato que lo es a su vez del variopinto ambiente
canalla en el que se mueve: la Roma española. Mundo de
truhanes cuyas artes, artimañas y supersticiones14 Delicado
cultures clàssiques i predeien a la interessada tot allò que li havia de
passar”, Joan Amades: Mitologia. Llibre dels somnis. Geografia fabulosa,
Selecta, Barcelona, 1979, p. 27.
13 “Díxele el sueño y la soltura”, esta frase proverbial la encontramos en
labios de Celestina y de Veturia. Vid. Fernando de Rojas: La Celestina,
edición de Hmberto López Morales, Planeta, Barcelona, 1980, auto III, p.
69; La comedia Thebaida, edición de G. D. Trotter y Keith Whinnom,
Tamesis, Londres, 1968, cena xv, p. 248. “El sueño y la soltura, este modo
de hablar tuvo origen de la Escritura Santa, Danielis, cap. 2, quando
Nabucodonosor despertó despavorido de un sueño, cuyas fantasmas se le
habían ya deshecho, y pedía a los magos de su corte le declarassen qué
sueño avía sido aquél y la sinificación dél; y nunca pudieron satisfacerle,
respondiendo: «Non est homo super terram, qui sermonem tum, rex, possit
implere». El profeta Daniel, teniendo noticia de cómo el rey mandava matar
a sus sabios, alcançó de Dios en sueños lo que Nabucodonosor desseava
saber; y assí le dixo primero el sueño, y con él la soltura, conviene a saber
su interpretación, de donde tuvo origen el proverbio tan común”, Sebastián
de Covarrubias: Tesoro de la lengua castellana o española, edición de
Martín de Riquer, Alta Fulla, Barcelona, 1987, p. 945, s.v. “sueño”.
14 Si en época romana “la superstitio es concebida como una forma
pervertida de la religio, y a menudo tachada de exageración basándose en
el otro sentido del prefijo super”, con Lactancio, y a partir de él otros
autores cristianos, “la separación entre religión y superstición queda
establecida de modo definitivo, y esta última noción adquiere un
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describe, y de entre las cuales reclama nuestra atención, por
el papel que en ciertos episodios juega, la oniromancia.
La adivinación del futuro por los sueños aparece en los
mamotretos XXXI-XXXII, en el XLII, con la discusión que
mantienen la Lozana y el Autor sobre la veracidad de los
sueños premonitorios, en el LIII, donde cuenta la protagonista
cómo supo sacar partido del ensueño de un escobador, en el
LVIII, con la simple mención de un ensueño que ha tenido la
alcahueta y no desea ver realizado y, por último, en el LXVI,
donde refiere su ensueño premonitorio del Saco de Roma en
forma de alegoría mitológica. En todos estos episodios nuestra
vital rufiana (“para ganar de comer, tengo de decir que sé
muncho más que no sé”)15 defiende el carácter profético de la
experiencia onírica y asume el papel de experta en su
interpretación. Las líneas que siguen vienen a echar una
mirada a la cultura onírica que se exhibe en La Lozana
andaluza, sugiriendo algunas fuentes probables, a fin de
significado muy fuerte, totalmente negativo, ya que la superstición no es
otra cosa que el paganismo sobreviviendo en el interior del cristianismo”,
explica Jean-Claude Schmitt: Historia de la superstición, Crítica,
Barcelona, 1992, pp. 7 y 9. En La Lozana se emplea con respecto a los
sueños premonitorios el término abusión (mamotreto XLII), que “vale casi
lo mesmo que superstición o falso agüero”, Sebastián de Covarrubias:
Tesoro de la lengua castellana o española, edición de Martín de Riquer,
Alta Fulla, Barcelona, 1987, sv. “abuso”.
15 Francisco Delicado: La Lozana andaluza, edición de Bruno Damiani
Castalia, Madrid, 1984, p. 178.
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reconocer la actitud que el autor, como intelectual de su
tiempo, manifiesta con relación a esos sueños que en su obra
introducen creencias y costumbres progresivamente
arrinconadas en ambientes marginales por la cultura del
poder. Una actitud, la de Delicado, permeable a las influencias
de la cultura popular.









