oportunidades a
la generación de sucesos que quieren sorprender al lector,
abre ventanas a la fantasía, vale como excusa para el juego
alegórico y mitológico de pretensiones culturalistas56. A veces
no es tanto una vía de conocimiento, capaz de salvar
cualquier distancia en el tiempo y en el espacio, o de correr el
velo que guarda el secreto de la actividad psíquica nocturna57,
sino un comodín en manos del narrador que le permite
preparar sucesos, anunciarlos, anticiparlos, encadenarlos,
condensar la acción, recapitular, resolver (en el límite de la
versosimilitud, a veces) las situaciones más embrolladas,
diseñar la trayectoria del héroe y de los demás personajes,
56 “De la Chanson de Roland à la Divine Comédie en passant par le Roman
de la Rose, le songe, on le sait déjà bien, a servi de strategie discursive,
topos littéraire s’il en fut, pour déjouer l’opacité du réel et lui conférer
l’aspect d’une altérité magique où décrypter plus éficacement sa
substance”, Jean-Marcel Paquette: “Masque, songe et métaphore: le cas de
la Chanson de Roland”, Masques et déguisements dans la littérature
médiévale, Les Presses de l’Université de Montréal, J. Vrin, Montreal y
París, 1988, pp.233-242; para la cita, p. 233.
57 Vid. Alain Verjat: “Poderes del sueño”, Barcarola. Revista de creación
literaria, 20 (mayo de 1986), pp. 135-143.
261
VI. HACIA UNA TÓPICA DE LA ENSOÑACIÓN
intrigar al lector, captarle y estimularle a proseguir la lectura.
En definitiva, lo onírico se trivializa al tiempo que se amplían
sus posibilidades al servicio de la estrategia narrativa y de la
tópica. Este proceso conoce un periodo de singular
efervescencia en el siglo XV:
El Cuatrocientos es, a todas luces, el siglo de
expansión de la literatura onírica. Se recuperan
modalidades de las épocas anteriores infiltrándolas
de espíritu prehumanista; se descubren nuevos usos
del sueño […] y se abusa de la visión alegórica
nocturna58.
Los sueños llegan a las ficciones del otoño de la Edad Media
desasiéndose de componentes conflictivos. Objeto durante
siglos de la cruzada antisupersticiosa, los sueños pueden ser
sueños para la literatura una vez desactivada (o, por lo
menos, controlada) su carga heterodoxa y reducidos a la
categoría de fantasía inocua59. De forma parecida a como lo
sagrado deviene un juego cuando una comunidad abandona
un rito porque la creencia que lo animaba ha dejado de tener
vigencia, y ese rito se transforma en una actividad lúdica que
58 Jacques Joset: “Sueños y visiones medievales: razones de sinrazones”,
p. 57.
59 Vid. Teresa Gómez Trueba: El sueño literario en España. Consolidación y
desarrollo del género, Cátedra, Madrid, 1999.
262
VI. HACIA UNA TÓPICA DE LA ENSOÑACIÓN
a menudo pervive solamente entre la población infantil60, la
rica cultura onírica (de manera especial su vertiente mántica)
que dejó en herencia en mundo precristiano es, merced al
celoso afán de los autores eclesiásticos, materia de lucimiento
literario para los ingenios de los siglos XV y XVI. Podemos
comprobarlo citando unos pocos ejemplos escogidos.
El Marqués de Santillana compone algunos de sus dezires con
el molde alegórico de sueños engalanados eruditamente. “E
como Aligheri reça / do recuenta que durmió, / en sueños me
paresçió / ver una tal estrañeça”, escribe en la “Coronación de
Mossén Jordi”61. “En mi lecho yazía /una noche a la sazón /
que Bruto al sabio Catón / demandó cómo faría / en las
gentes que bolvía / el suego contra Pompeo / segund lo
cuenta el Anneo / en su gentil pohesía”, comienza diciendo en
“El sueño”62. “Al tiempo que salen al pasto o guarida / las
fieras silvestres e humanidad / descansa o reposa, e la fembra
ardida / libró de Oloferne la sacra çibdad, / forçada del sueño
la mi libertad, / diálogo triste e fabla llorosa / firió mis
60 Vid. Xavier Fàbregas: El fons ritual de la vida quotidiana, Edicions 62,
Barcelona, 1982, pp. 100-113 (“Esoterisme i joc”).
61 Poesías completas, vol. I, p. 157, vv. 13-16.
62 Ibíd., vol. I, p. 175, vv. 41-48. Una de las fuentes de este poema es Lo
somni, de Bernat Metge (vid. Maxim P. A. M. Kerkhof en el estudio
preliminar a su edición de varias obras del Marqués: Comedieta de Ponça.
Sonetos, Cátedra, Madrid, 1986, p. 32.
263
VI. HACIA UNA TÓPICA DE LA ENSOÑACIÓN
orejas”, leemos en la Comedieta de Ponça63. Los sueños
poéticos de Íñigo López de Mendoza abren campo a
sofisticados enigmas seguidos de glosas en las que el autor
hace alarde de sus cultas lecturas64. El papel del Marqués en
la historia del ensueño literario español, “consistió en
reactivar el juego literario de los encadenamientos de
lenguajes codificados”, concluye Joset65.
Juan Rodríguez del Padrón hace que concluya su Siervo libre
de amor con el despertar del actor: “desperté como de vn graue
sueño a grand priesa”66. La palinodia con tintes irónicos que
cierra el libro del Arcipreste de Talavera (“El autor face fin a la
presente obra e demanda perdón si en algo de lo que ha dicho
ha enojado o no bien dicho”) se justifica por la amenaza que
en sueños ha recibido el autor de un ejército de mujeres
descontentas con el contenido de su obra:
E yo, muy congoxado del pensamiento tal, retráxeme
algund tanto al sueño natural, e desque adormido
començé de soñar que sobre mí veía señoras más de
63 Ibíd., pp. 72-73, vv. 25-31.
64 Para otros relatos oníricos en la obra del Marqués de Santillana, vid.
Poesiás completas, vol. I, pp. 109-115, 149-156, 228-236 y vol. II, pp. 190-
195.
65 “Sueños y visiones medievales: razones de sinrazones”, p. 66.
66 Siervo libre de amor, edición, introducción y notas de Antonio Prieto,
Castalia, Madrid, 1986 (3ª ed.), p. 107.
264
VI. HACIA UNA TÓPICA DE LA ENSOÑACIÓN
mill […]. Congoxado de tormento, sudando, desperté
e pensé que en poder de crueles señoras me havía
fallado67.
El Esopete ystoriado refiere el ensueño de Esopo que hizo
posible sus fábulas sabias (“me paresçe que aya soñado vn
sueño de grand marabilla”)68, la premonición de de la doncella
cuativa (“soñé esta noche que mi señor me desposaua”)69, los
sueños con moraleja de los dos mercaderes que pretendían
burlar al aldeano (“Durmamos todos & aquel que viere mas
marabilloso sueño entre todos tres coma el pan”)70 y el
ensueño fingido de la adúltera citado más arriba71.
En La historia de los nobles caballeros Oliveros de Castilla y
Artús Dalgarbe, los ensueños que experimenta Helena le
descubren el amor de Oliveros (“se adormeció e le paresció en
sueños que veía cabe su cama una dueña muy fermosa que le
decía: ¡Oh Helena! Oliveros de Castilla está ferido de muerte e
su mal no espera remedio si tú, que lo causaste, no ge lo
67 Alfonso Martínez de Toledo: Arcipreste de Talavera o Corbacho, edición
de Michael Gerli, Cátedra, Madrid, 1987 (3ª ed.), pp. 304-306.
68 Esopete ystoriado (Toulouse 1488), p. 3.
69 Ibíd., p. 8.
70 Ibíd., p. 142.
71 Ibíd., p. 147.
265
VI. HACIA UNA TÓPICA DE LA ENSOÑACIÓN
das”)72 y le anuncian más tarde en forma alegórica el
apresamiento de su esposo (“Aquella noche la señora Helena
soñó que veía una leona muy feroz…”)73; hacia el final de la
historia, varios sueños permiten conocer a Artús y a Oliveros
que existe un remedio que puede sanar al primero de la
repugnante enfermedad que le aqueja (deberá tomar la sangre
de dos niños inocentes, hembra y varón, sin saberlo):
E la siguiente noche fasta cuatro noches soñaron
entramos los mismos sueños. E ninguna cosa decía
el uno al otro. […] E venida la quinta noche,
departiendo los dos hermanos, Oliveros descobrió su
sueño a Artus e Artus le dixo: “Hermano, estas
cuatro noches pasadas he soñado que una persona
me decía que vos teníades poder para darme salud74.
Las circunstancias que caracterizan este episodio son muy
significativas. Los sueños que juntos experimentan Oliveros y
72 La historia de los nobles caballeros Oliveros de Csatilla y Artús
Galgarbe, p. 72.
73 Ibíd., p. 98.
74 Ibíd., p. 129. La fuente de los sueños simultáneos de Oliveros y Artús,
señalada por María Rosa Lida (El cuento popular y otros ensayos, Losada,
Buenos Aires, 1976, p. 54), es la canción de gesta frances Ami et Amile,
donde los sueños se describen bajo la forma de una aparición angélica
nocturna: “Anuit de nuit quant il fu enseré / Et je fui couchiez en lit souef,
/ Me vint un angres qui gieta grant clarté”, edición de Peter F. Dembowski,
Champion, París, 1969, lai 149, vv. 2897-2899, p. 93.
266
VI. HACIA UNA TÓPICA DE LA ENSOÑACIÓN
Artús vienen precedidos de insistentes invocaciones a Santa
María, y no es baladí que se repitan las experiencias de los
amigos a lo largo de cinco noches: la reiteración de una
experiencia onírica genera un clímax de ansiedad (muy a
menudo incluso de terror)75 y, por otra parte, el cinco es un
número mariano por excelencia.76 Tampoco es banal que en el
75 Vid. R. G. A. Van Lieshout: A Dream on a Kairos of History. An Analysis
of Herodotus Hist. VII, 12-19; 47”, Mnemosyne, XXIII (1970), pp. 225-249,
esp. p. 236 y nota. En la casuística de sueños reiterados predominan el
dos (vg. los dos sueños del faraón, Gén. 41:1-7) y el tres (I Sam 3:10). Si el
ensueño que precisa confirmación o aclaración es el doble, el que
sentencia y dicta imperativamente es el que se produce hasta tres veces.
No obstante, existen numeros casos de sueños largamente repetidos: así el
rey Cedrán, que “vido en sueños una visión siete vegadas” (Calila e Dimna,
edición de Juan Manuel Cacho Blecua y María Jesús Lacarra, Castalia,
Madrid, 1985, p. 280) o Palmerín, que soñó hasta diez noches la misma
doncella (Palmerín de Olivia, cap. xii, p. 44). Entre los miembros de la tribu
Azande, el antropólogo E. E. Evans-Pritchard observó que éstos acudían a
consultar oráculos cuando habían tenido sueños reiterados, Brujería,
magia y superstición entre los azande [Witchcraft, Oracles and Magic among
the Azande], traducción de Antonio Desmonts, Anagrama, Barcelona,
1976, p. 148.
76 Cfr. la introducción de Juan Manuel Cacho Blecua a su edición de
Gonzalo de Berceo: Milagros de Nuestra Señora, Espasa Calpe, Madrid,
1990, p. 25. La reiteración de un ensueño es un factor que
tradicionalmente se entiende como certificador de su mensaje. Vid. José
Antonio Martín García: “Análisis de los sueños en la obra de Jenofonte”,
Analecta Malacitana, VII, 1 (1984), pp. 3-18, esp. p. 4.
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VI. HACIA UNA TÓPICA DE LA ENSOÑACIÓN
último y definitivo ensueño —“como fuese ya cerca del día”—77
quien se les aparezca sea “una dueña de grande auctoridad”
fácilmente identificable78. En cuanto al remedio para la
enfermedad de Artús, Plinio y otras fuentes difundieron la
idea de que la lepra podía curarse con sangre inocente79.
Celso habla de algunas personas que sanaron de la epilepsia
77 Desde la Antigüedad, la tradición oniromántica establece que suelen
ser proféticos los sueños recibidos al alba. “Namque sub aurora, iam
dormitante lucerna. / somnia quo cerni tempore vera solent”, Ovidio:
Heroidas, XIX, vv. 195-196; “quel sueño verdadero se podrá conocer en
esta manera:que comúnmente viene cerca de la mañana, después de
celebrada la digestión, cuando los vapores della están ya delgados e sotiles
en tal manera que no empachan tanto a las potencias de facer sus
operaciones”, Lope de Barrientos: Tratado del dormir, cap. ii, p. 57. La
literatura confirma esta creencia en multitud de sueños.
78 Esta clase de sueños que dan a conocer el remedio o la medicina que
curará determinada enfermedad tienen una larga tradición literaria.
Aparece, por ejemplo, en el Fermoso cuento de una santa enperatrís que ovo
en Roma & de su castidat, a cuya protagonista se le presenta la Virgen en
sueños para enseñarle una “santa yerba a que yo daré tal virtud & tal
graçia, que a todos los gafos a quienes la dieres a bever en el nonbre de la
madre del rey de gloria, que luego serán guaridos & sanos”, Carlos Maynes
and La enperatrís de Roma. Critical Edition and Study of Two Medieval
Spanish Romances, por Anita Benaim de Lasry, Juan de la Cuesta, Newark
(Delaware), 1982, p. 206. Para un acercamiento antropológico a esta clase
de ensueños mágico-medicinales, véase Jackson Steward Lincoln: The
Dream in Primitive Cultures, Johnson Reprint Corporation, Nueva York y
Londres, 1970, esp. p. 68 y ss.
79 Richard Kieckhefer: Magic in the Middle Ages, Cambridge University
Press, Cambridge, 1989, p. 109.
268
VI. HACIA UNA TÓPICA DE LA ENSOÑACIÓN
bebiendo sangre de gladiador degollado80, y Diego de Valera
recuerda que al emperador Constantino, cuando quedó “gafo”,
le dijeron que sólo sanaría bañándose en sangre infantil81.
En los términos de un ensueño del Auctor, Nicolás Núñez
hace que comaprezcan en su Cárcel de Amor el difunto
Leriano y Laureola, a fin de que prosigan sus amorosas
razones en el punto en que las dejó Diego de San Pedro: “y
entre muchas cosas que comencé a soñar, que más pesar que
plazer me davan, soñava que veya a Leriano delante de mí…”82
El traslado del protagonista de El conde Partinuples al reino
maravilloso de Cabezadoyre tiene lugar después de quedarse
dormido en una nave hallada por aventura. Al día siguiente,
cuando Partinuples arriba a su inesperado destino, exclama
perplejo: “Santa María, valme si duermo o sueño, porque veo
así esta tierra sola sin ninguna cosa, porque cuando el
80 De medicina, lib. III, cap. xxiii.
81 Doctrinal de príncipes, Atlas, Madrid, 1959, (Biblioteca de Autores
Españoles, CXVI), pp. 184-185.
82 Dos opúsculos isabelinos: La coronación de la señora Gracisla y Nicolás
Núñez Cárcel de Amor, edición de Keith Whinnom, Exeter University,
Exeter, 1979, p. 57. El narrador-testigo despierta para dar fin a su relato:
“falléme tan triste y tan enbeleñado, que no sabía lo que de mí hiziesse, ni
de lo que havía soñado qué pensasse”, p. 69.
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VI. HACIA UNA TÓPICA DE LA ENSOÑACIÓN
hombre duerme, sueña de estas cosas tales”83. La primera
noche que pasa en el castillo encantado, el conde tiene un
ensueño espantoso que le alerta: “Y estando así dormiendo,
soñó que le venían por parte de las espaldas una manada de
pecados que lo querían lanzar en el fuego”84.
Los sueños de Calixto, en el sexto auto de La Celestina,
permiten al cuitado pretendiente de Melibea disfrutar de algún
consuelo (que por ilusorio y fugaz espolonea aún más al joven
incontinente) y a Fernando de Rojas anticipar veladamente el
triste final del enamorado, que de este modo refuerza su
carácter trágico:
En sueños la veo tantas noches, que temo me
acontezca como a Alcibíades o a Sócrates, que el uno
soñó que se veya embuelto en el manto de su amiga;
y otro día matáronle, y no ovo quien le alçase de la
calle ni cubriesse, sino ella con su manto. El otro vía
que le llamavan por nombre, y murió dende a tres
días85.
83 El conde Partinuples, edición de Ignacio B. Anzoátegui, Espasa-Calpe,
Madrid, 1968 (2ª ed.), p. 21.
84 Ibíd., p. 22.
85 Citamos por la edición de Juan Alcina y Humberto López Morales,
Planeta, Barcelona, 1980, p. 108. Reproducimos el fragmento según las
ediciones de la primitiva Comedia. Las ediciones de la Tragicomedia
suprimen la referencia al ensueño de Sócrates, talvez por considerar que
270
VI. HACIA UNA TÓPICA DE LA ENSOÑACIÓN
En el Libro del esforçado cauallero don Tristán de Leonís
encontramos el ensueño del protagonista una noche que yace
junto a la reina. Anticipa la traidora herida que le ocasionará
un doncel arquero con una saeta envenenada como venganza
por la muerte de su padre en un torneo de Escocia. En
sueños, Tristán se ve herido de gravedad mientras participa
en una cacería, y del dolor que siente grita tan fuerte que se
despierta:
Tristan soñaua que corria vn cieruo, y que le diera
vn gran golpe, asi que el sintiera grand dolor, y de
aquel dolor començo a dar bozes entre sueños y a
dezir: ¡ay! ¡ay!; y quando la reyna lo oyo, desperto86.
Yseo trata de restarle importancia al ensueño que ha turbado
el descanso de los amantes (“y el contole el sueño que soñaua,
y ella dixo que no era sino todo vanidades, y tornaron a
dormir”), pero su repetición a lo largo de la noche (“y Tristan
començo a fazer aquel mesmo sueño, y començo a dar
mayores bozes que de primero”), corrobora su cumplimiento.
no era muy pertinente (aunque presagio trágico, no es un ensueño de
amor); cfr. La Celestina. Tragicomedia de Calisto y Melibea, edición de
Stephen Gilman y Dorothy S. Severin, Alianza, Madrid, 1979 (7ª ed.), p.
114.
86 Tristán de Leonís, edición de Adolfo Bonilla y San Martín, Sociedad de
Bibliófilos Madrileños, Madrid, 1912, p. 157.
271
VI. HACIA UNA TÓPICA DE LA ENSOÑACIÓN
La premonición no resulta literal, pero es fácilmente
reconocible cuando se realiza. El ciervo que en sueños le da el
golpe a Tristán indica no al causante de su daño (que será un
doncel, como hemos dicho), sino al contexto en que lo recibirá:
una jornada venatoria. El percance de Tristán se vincula
además a la desgracia de Yseo, sola e indefensa en la torre de
la Donzella Sabia, a la que el rey Mares pone en prisión en el
capítulo siguiente.
Oportunidades
Published on Marzo 5, 2008
in literatura.
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